27 de diciembre de 2015

Y ahí estas tu.

Y entonces te conocí, y conocerte fue una de las peores cosas que me ha pasado en la vida. Me calmas, pero maldigo tu forma de hacerlo.
No se como ni cuando te conocí, no recuerdo el primer día que di contigo, ni recuerdo por que tu. Tampoco veo el momento de dejarte. Cuando mis lágrimas no paran de salir ahí estas tu para hacer que cesen. Cuando la respiración se empieza a descontrolar ahí estás tu para controlarla. Cuando no se que hacer ahí estas tu llamándome a gritos y entonces yo te escucho y desesperada voy. Y me calmas, y me calmo. Y te empiezo a querer, quizá demasiado. Y comienzas a ser una necesidad, mi necesidad...

11 de diciembre de 2015

Alivio

Y la senti. sentí una punzada terrible al prometerte en un abrazo que no lo volvería a hacer. Sentí como mis ojos empezaron a brillar y mi corazón latía fuerte. Sentí un nudo en la garganta que me impidió decir con certeza esas palabras: 'te lo prometo' y es que hay poco de promesa en ese deseo.
Para mí dejaron de existir los deseos de soplar las velas el día de mi cumpleaños,  los de soplar una pestaña e incluso los de las estrellas fugaces. Por qué nunca se cumplieron, por ello deje de creer en las promesas ya que muchas me rompieron. Incluso dejé de creer en mí. Así que no te asustes si vuelve a pasar, no te asustes por qué es la forma de aliviar tanto dolor. Es la forma que me permite respirar profundo y volver a empezar. Y si realmente creyera en mi tanto como creí en las promesas, juro que haría por cumplirla. Pero hay tantos pedazos rotos que no me vale la pena. Ya no. 
Y si algún día cumplo esa promesa no será por ti, sino por mi.  Alivia tanto como quién vence el orgullo después de una discusión. Alivia tanto como beber un paso de agua después de pasear por el desierto. Tanto como poner las manos en la calefacción después de llegar del trabajo en un día de diciembre. Alivia tanto como quien te abraza cuando estas apunto de romperte. Alivia como lo hacían tus besos, tus abrazos y tú. Alivia tanto que crea adicción. Alivia tanto que hacer que el dolor de dentro desaparezca, al menos por unos instantes. Alivia tanto que no duele, que calma. Alivia tanto que quizá nadie lo entienda. Pero alivia, tranquiliza, calma...

8 de noviembre de 2015

Ser quien era antes.

Y entonces la perdí. Perdí la esperanza de volver a ganar una guerra de cosquillas contigo. Perdí la esperanza de caminar de la mano intentando llevar el mismo ritmo que tú y perdí la esperanza de volverme a ser yo contigo. Perdía la esperanza de volver a decir te quiero cuando más lo sentía o de un abrazo reconfortante que me hacía sonreír. Perdí la esperanza de tantas locuras que solo tu y yo sabemos. La perdí completamente y de repente. Perdí la esperanza porque hay mucho dolor. La perdí porque es cosa de dos. La perdí y lloré durante horas esperando a que el tiempo sea quien me cure, ¿pero cuanto más tengo que esperar para volver a sentirme bien conmigo misma?
Perdí la esperanza porque fuiste tú quien llegaste cuando más te necesitaba, fuiste quien me ayudó a superar, quien me enamoró y me hizo recobrar la ilusión. Me ayudaste, me ayudaste tanto…que esto me está matando por dentro.
Necesito volver a ser quien era y recuperar la esperanza, pero ya no por ti, sino por mí.Quiero ser quien era antes. Quiero ser esa chica risueña sin miedo, sin tristeza, sin tantos agobios. Quiero ser aquella chica positiva y luchadora que siempre superó lo que le puso la vida. Quiero ser la chica que era, la que se dormía leyendo y se levantaba perezosa pero sonriente. A la que conocían por su sonrisa, la que siempre tenía y caracterizaba. Quiero ser la chica que llegaba un viernes y lo disfrutaba, la que contaba los días para vivir un finde lleno de buenos momentos. Quiero ser la chica que se reía por todo y la costaba mucho aguantarse la risa, quiero volver a ella. Quiero volver a aquella chica que sabía que podía, la que aprendió a controlar la respiración cuando la ansiedad se agarraba a ella. La que si la pasaba algo, la abrazaban sin mas y no tenía miedo de llorar por que sabía que no estaba sola. Quiero ser la que se ponía canciones, historia y pelis tristes cuando tenía un mal día para terminar llorando por algo, y no la que ya no lo necesita para llorar. Quiero ser la que era antes, con los días buenos y los malos, pero la que era. La que no se planteaba tanto lo mucho o lo poco que valía la pena, por que sabía que a pesar de todo, valía. ¿Y ahora? ¿Vale realmente la pena? Quiero sentirme tan querida como me llegué a sentir, a pesar de haber perdido dos de las personas más importantes de mi vida, primero una y años después la otra. Y aun así, me sentía querida. ¿Y ahora? ¿Por que este vacío? Quiero ser aquella chica a la que la brillaban los ojos de felicidad y no de tristeza. la que no tenía que aparentar delante de las personas por que la conocían de sobra y sabían perfectamente que hacer en cada momento.
Quiero ser la que tenía ganas, ganas de vivir, de luchar, de reír, de conocer, de ser feliz.
Quiero ser la que simplemente vivía, vivía y ya está. Y daría lo que fuera por volverme a sentirme así.

30 de octubre de 2015

Un secreto doloroso


Cada día tengo más claro que las apariencias engañan, tengo más claro que la persona con la sonrisa más grande y bonita puede estar rota por dentro. Que el valor de la amistad pierde y gana a la vez que el paso el tiempo, y del valor del amor ya ni te cuento.

Soy consciente que personas aparentemente llenas por fuera están vacías por dentro, sin saber lo que las falta y porque están pasando por esto. 
 Soy consciente de que hay secretos que duelen, que duelen tanto que en ocasiones aprietan y ahogan. 

¿Qué por qué? 
Duelen por que nadie lo comprende, por que asusta.
Duelen por que alejan.
Duelen por que eres juzgada.
Duelen por que es un querer y no poder.
Duelen a la vez que alivian.
Pero sobretodo duelen por que ahogan.





27 de septiembre de 2015

Yo sin ti, yo conmigo.

Siempre supe que no iba a ser fácil, pero no me imagine que pudiera doler tanto. Y hay tantas cosas que duelen...yo lo llamo dolores pasajeros por que se que un día me levantaré sin ellos. Por que se que simplemente un día me dejará de doler ver esos nombres escritos. Me dejará de doler tu ausencia. Por que algún día las cosas me dejarán de recordar a ti. Por que se que me levantaré con mi mejor sonrisa para enseñarla al mundo, por que se que esa sonrisa que ahora está un poco perdida, un día tendrá un motivo (o varios). Se que un día olvidaré todo aquello que ahora me duele y en ocasiones ahoga. Y es que dicen que siempre hay que seguir al corazón. Empiezo a creer que mi corazón está muy equivocado, que le gusta sufrir y que se ha quedado estancado. Empiezo a creer que no se da cuenta de que está dañado. También creo que siente mucho, quizá demasiado. Por eso creo que es hora de empezar a seguirme a mi misma dejando el corazón a un lado. El se quiere quedar esperando, vivir de la esperanza aún sabiendo lo poco que realmente merece la pena. El no quiere conocer más, aun sabiendo que si lo hiciera se iba a sentir mucho mejor. Más querido, más cuidado. Feliz. Así que querido corazón, por una vez no te puedo (quiero) seguir. Quiero ser yo sin ti.  Quiero ser yo conmigo.

8 de septiembre de 2015

Comenzar de nuevo.

¿Cuántas veces hemos deseado borrar un día, un instante, un momento, una canción o una persona de nuestra vida? ¿Cuántas veces hemos deseado borrarlo todo, vaciar nuestra memoria y empezar de cero? ¿Cuántas veces hemos deseado volver a ser niños para vivir todo de nuevo, para que nuestras preocupaciones fueran que nos hemos manchado y mamá se va a enfadar? ¿Cuántas otras hemos deseado echar el tiempo atrás para rectificar errores, para evitar perder a personas que ya no están? ¿Cuántas hemos querido comenzar de nuevo

Si realmente todo comenzara de nuevo… ¿Cuántas cosas nos perderíamos? Se iría con el tiempo el calor del primer beso, el efecto especial de aquel primer “te quiero”, la sensación de aquel amanecer perfecto, se iría la inocencia de vivir el primer amor, vivirlo como en un cuento. Se irían tantas primeras veces… Perderíamos los amigos que iban a ser eternos, las cartas que nos hicieron llorar, miles de instantes felicidad. Perderíamos la esencia de esa colonia especial, la primera navidad.  Olvidaríamos el dolor más bonito y la sonrisa más esperanzadora. La noche donde no pudimos parar de reír y de querernos. Realmente olvidaríamos tanto que no se si valdría la pena perder todo lo que tengo por volver a empezar. Por mucho que me duela a veces, por muy vacía que me sienta la mayoría de las noches, por todas las cosas que rectificaría… de los errores se aprenden, y en todo este tiempo me he equivocado, rectificado y aprendido. Me he lamentado, me he sentido culpable (en parte) pero también he sido feliz, he vivido momentos que no quisiera olvidar, momentos que valen mucho.

En realidad… ¿Comenzaríamos una nueva vida o mataríamos otra llena de recuerdos?


Me quedo con mi vida, donde el dolor acabará y la felicidad llenará mis días. Lo se. Donde hay tantas personas que se preocupan y me quieren, con la vida que me dio lo mejor y a su vez lo peor. La que me hizo madurar antes de tiempo y me obligó a ser fuerte. La que me quitó de mi lado dos de las personas más importantes de mi vida. La que me hizo llorar de tristeza y de felicidad. La que me dará los mejores momentos. Y es que nadie dijo que fuera fácil, pero yo haré que mi vida, merezca la pena.


26 de agosto de 2015

¿Que dirán?

Cuando “el qué dirán” importa más que cualquier otra cosa que quieras hacer es que realmente existe un problema contigo, con tu autoestima y con tu forma de ser. Primero, porque si haces algo es por qué quieres y lo que piensen los demás (de manera general) te tiene que importar bien poco. Segundo, si lo haces es porque te sientes bien y te gusta. ¿Qué más da entonces lo que piensen los demás? Tercero, porque “el qué dirán" a veces se resume en un pequeño círculo de personas que no quieren que se enteren. Amigooooo, entonces estamos hablando de otra cosa (De otra cosa que es probable que me moleste hasta más).

En fin, odio el dichoso qué dirán. Me trae malos recuerdos y se siguen creando. No soy partidaria de gritar todo a los cuatro vientos pero tampoco de guardarme todo para mí (por algo tengo amigos que me gusta contarles las cosas y que me recuerden lo tonta que soy), ni de estar pendiente de poner excusas tontas solo por ocultar algo o a alguien, y ¿Sabes qué? Que importo más que un qué dirán, que hasta entonces no he conocido excusa más absurda que esa, (bueno en realidad sí, pero no me dan tanta rabia). Que el qué dirán mueve sentimientos, y no precisamente buenos. Por ello, que piensen lo que gusten, que hagan lo que les de la gana y que DIGAN LO QUE QUIERAN

15 de agosto de 2015

El amor

Realmente el amor es lo más bonito y lo más doloroso que existe. El amor duele, querer mucho duele, pero es una sensación maravillosa. Querer y ser correspondido, estar dispuesto a dar todo por esa persona especial, que su sonrisa y sus hoyuelos al sonreír sea lo más gratificante, imaginar un futuro juntos... si, eso es estar enamorado. Pero desgraciadamente el amor no es tan bonito como en los cuentos y en las películas, el amor no siempre tiene final feliz, no siempre es correspondido y no es nada fácil.

<<En una relación siempre hay uno que quiere más al otro. Oh dios mío, como espero no ser yo >>

Ella, soñadora  donde las haya, creía en el amor plenamente, creía en el “para siempre” con en el primer amor.  Ella creía en el amor como en las películas, con una boda de ensueño y una familia que formar. Ella creía que el amor la iba a durar toda la vida y no quería conocer más amores. Ella creía que todo siempre iba a ser bonito y que el amor no se iba a terminar nunca, y realmente no fue el amor lo que se terminó. El amor sigue, el amor dura. Pero un día, las circunstancias superaron al amor y  todo se acabó. Los sueños de Ella quedaron muy lejos de ser cumplidos.

 Una historia de amor interrumpida, maldita sea, maldita sea mi vida-.

Desde que la historia se acabó, Ella se comportó de una manera incoherente, de una manera que no se daba cuenta del daño que podía causar, se comportó así sin saber por qué y todo esto a Ella la dolía más que a nadie. Una carta fue lo que la hizo abrir los ojos y que la punzada fuera aún más dolorosa, una carta con su correspondiente contestación bastó para que las lágrimas se apoderaran de la situación, para que la tristeza inundara sus días y más aún sus vacías noches.
Nadie sabía cómo estaba Ella por dentro, realmente estaba rota de dolor. La costaba hacer creer a la gente que estaba bien, quizá se acostumbró a aparentar demasiado y a creerse Ella misma que estaba bien, pero realmente no lo estaba. Realmente no era capaz de quitar una sola foto de su habitación, no era capaz de irse a dormir sin antes lamentarse en los errores cometidos, realmente en los momentos de bajón leía una y otra vez aquella dichosa carta, no hacía más que recordar momentos que tristemente no se van a volver a repetir, viajes, y sobretodo instantes, pequeños instantes de felicidad.

Ella quiere pasar página y cerrar el libro para dar comienzo a uno mejor, pero se dejan atrás  tantas cosas que es muy difícil dar ese paso. Ella sabe que aunque la esperanza es lo último que se pierde, no debe vivir a su costa. Ella sabe que quiere seguir soñando y cumplir sus sueños, y de esta manera se están estacando. 
Así que Ella se queda con la esencia del primer amor, aquel que nunca se olvida.
Y una cosa os digo: Ni de AMOR se muere, ni de RECUERDOS se vive.

Es hora de comenzar nuevas etapas, y ¿por qué no? Nuevas historias.

13 de agosto de 2015

Ella

Hoy os dejo con algo que escribí hace años y que creo que es bonito de compartir, os dejo con Ella.
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Esa noche no era como las demás, era oscura, muy fría y gotas caían del cielo como si de lágrimas se tratasen. Noche de mayo, madrugada de un domingo. 6 Am. Unos aquella madrugada volvían de fiesta, otros en cambio madrugaban y ya se ponían en pie. Alguno que otro salía de su casa para enfrentarse a un duro día de trabajo. Unos tantos esperaban la llegada de un nuevo bebé, mientras que otros pocos sufrían la dura despedida de un ser querido. La mayoría de las personas a esa hora dormís plácidamente, pero Ella lloraba, estaba aturdida, tenía miedo y la costaba respirar.
Hubo tiempo suficiente de ver a ese individuo aun metido en su cama, pero luego todos los negaron. –“No dirás nada, ¿No?, Ha sido un accidente, Como lo cuentes va a ser peor y diferentes cosas la decían con el fin de mantenerla callada, cosa que durante dos largos días consiguieron. A sus trece años tuvo que armarse de valor y afrontar todo lo que acababa de pasar. Ya no era la misma. Evidentemente su familia se dio cuenta de que algo pasaba.         Dos días callada, ocultando, con miedo y triste. Ya no pudo más, llegó a casa después del instituto y rompió a llorar, se abrazó a su madre y emprendieron un viaje a comisaría. Esta vez no se puso la radio en el coche y fue un viaje corto e indiferente.                                                        
 Rápidamente la tomaron declaración y tuvo que contar todo sin dejarse detalle alguno. Así lo hizo Ella, un poco nerviosa y con lágrimas que se asomaban en sus ojos. Nadie sabía lo que iba a pasar, pero Ella no estaba sola, tenía apoyo y cariño, aunque en ese momento Ella sólo se centraba en una persona, en una persona que probablemente no iba a estar a su lado y sentía como de una manera u otra la había fallado, defraudado e incluso abandonado, su tía. Ella susurraba su nombre entrecortadamente entre sollozos, pero su tía no la quiso escuchar.
Verdaderamente lo que más daño la causó de esa noche, lo que más le dolió a ella a Ella no fue que se metieran en su cama y jugaran con su cuerpo como si de una muñeca se tratara, no. Fue que su tía negara lo ocurrido dejándola como mentirosa y en un mar de lágrimas. Desde ese día Ella apenas volvió a saber de su tía. No sabía cómo pero tenía que aprender a vivir sin ella, tenía que afrontar que ya nada sería como antes y procuraba no hundirse más, ya que cada lágrima amarga era un momento perdido y sin sentido.
Los años consecuentes se pueden resumir en una rápida madurez de una niña de trece años, en juicios donde el llanto y la aflicción se apoderaban de la situación, en cartas mojadas y sin dirección, en poesías de una dura separación y en la dificultad de fingir sonrisas y aparentar estar bien, años de estudio llenos de ansiedad y desmayos...e incluso donde la anorexia la acompañó durante un trayecto de su vida. Años en los que cada triste canción la recordaban a una sola persona, en la que el pequeño aroma desea marcada colonia le recordaba nuevamente a esa persona. Años que pasaron lentos. A veces, Ella piensa en olvidarla, si la olvida todo sería más fácil, y entonces Ella se pregunta…¿Cómo olvidar algo que en el fondo no quiero olvidar? Es la peor de las pruebas que alguien tiene que afrontar en la vida. Ella se dio cuenta de que <<olvidar>> era un hecho imposible. Algo que nunca iba a ocurrir. Ella no se podía olvidar de la persona que con la que mejores momentos había vivido durante trece intensos años. Así que tan solo tenía que aprender a vivir sin ella.

Tres años y dos meses a la espera del juicio final que Ella ganó. Cárcel para aquel hombre innombrable. Familia y amigos más cercanos estaban contentos y llamaban para dar felicitaciones, pero Ella no estaba contenta. Si, había ganado, pero Ella no había luchado para ganar, es más, había sufrido. Quizá no estuviera contenta porque sabía que él no iba a ir a la cárcel, pues si se iba del país no se podía remediar. Dichosa justicia, Quizá no lo estuviera porque sabía que su tía no iba a volver.
Días después su tía desapareció, se fue del país o eso quisieron pensar todos. Y ahora Ella tenía esa absurda sensación de haber dado todo por esa persona tan importante y nunca haber recibido nada a cambio.

Esa sensación absurda de pensar que trece años unida a una de las personas más importantes en su vida es como si de repente hubieran desaparecido, como si de un diario se tratase del cuál la llave se ha perdido y nunca se volverá a abrir. Todas las promesas que resultaron ser mentira. Todas esas palabras de amor, todos los besos y abrazos habían acabado.  Como si rompiera una pequeña bola de cristal en miles de pedacitos que ya es imposible recrear de nuevo. Que ya solo te queda el recuerdo de esa bola de cristal. Recuerdos que no podemos ni sabemos olvidar, memorias que nos seguirán más allá del tiempo, vayamos al lugar que vayamos, adentrándonos un poco en los recuerdos de nuestro ser, volvemos a encontrarlas y, como inocentes niños esbozaremos una sonrisa, una triste sonrisa llegando al extremo de llorar de nostalgia por el añoro de los buenos momentos y por el anhelo que sentimos esos años atrás. Ella ya no era aquella niña inocente de trece años que vivía con la esperanza de un anhelado regreso. Ahora ella, aunque a veces no se quería dar cuenta, sabía perfectamente que su tía no volvería y que si lo hacía nada sería como antesesa relación que tenía tan perfecta, tan sincera y tan especial nunca se iba a retomar. Pero a pesar de todo, Ella la esperaría, porque el hueco que su tía dejó en su corazón nadie nunca lo va a llenar. Años después ELLA LA QUIERE, LA QUIERE MUCHÍSIMO.

Ella tiene sueños, ella quiere ser feliz.