25 de enero de 2016

Todo pasó 2

La vida seguía y con la vida seguía yo. Insegura, llena de miedo, frustrada y con ganas de salir de aquello en lo que me estaba metiendo. Con ganas de que la risa ganara el pulso al dolor, con ganas de vivir. No fue tan fácil, es un proceso largo que requiere tiempo, ayuda y amor. Tenía que quererme a mí misma, aunque realmente no sé si alguna vez me había querido. Me gustaba querer, yo quiero mucho, quiero fuerte. Pero a mí no. 
La pastilla no me calmaba, ni si quiera notaba mejoría alguna. Era más una cosa de cabeza que algo que una pastilla pudiera evitar. Estaba en ello y sabía que lo iba a lograr, sabía que iba a ser feliz. Sabía que esa lucha interna que tenía conmigo misma iba a firmar un pacto de paz. Me quité la venda, y me quedé solo con las mangas largas. De esa manera me veía los cortes y me concienciaba de que no quería verme más, quería que se curaran. Que se curaran al menos en forma de cicatriz. Los días pasaban, la tristeza iba y venia. Como todo supongo, había días y días. Pero ya no lloraba todas las noches, ya no me sentía la culpable de todo y sobretodo era consciente de que no estaba loca, solo necesitaba ayuda. Lo lograría.     Poco a poco parecía salir la luz, muy poco a poco. Y pasó, pensaba que no te volvería a ver, pensaba despedirme de ti para siempre, pensaba habernos perdido mutuamente. Pensaba dejar de pensar en ti, cuando viniste. Hablamos, nos abrazamos y me sentí llena. Completa. Ojalá no me soltaras jamás, pensé. Las lágrimas se escapaban de mis ojos, eran lágrimas de tristeza que acabaron siendo de esperanza. Esperanza por qué saliera bien, por cambiar todo lo que nos ha afectado, por empezar. Por vivir, compartir, cumplir. Esperanza por ti, por mi, por nosotros. Por qué no me dejaras de querer, y me quisieras bien y fuerte. Esperanza por qué fuera un amor sano. Esperanza por no ocultar mis cicatrices y que me perdonaras algún día. Esperanza por vivir feliz, vivir feliz contigo. Por no ocultarnos nada, por serlo todo. 
Y desde ese día algo cambió en mi, se me encogió el corazón. No me volví a cortar, no volví a tomar ni una sola pastilla, no volví a dormirme con ganas de no despertar.  
Me salvaste una vez, me has salvado una segunda. Ojalá no me salves más, ojalá. Ojalá salga bien, ojalá los sueños que creía haber dado por perdidos se cumplan, ojalá nunca dejes de ser mi prioridad ni yo la tuya. Ojalá me quieras la mitad de lo que te quiero yo. Ojalá nunca dejes de besarme. Ojalá solo tengas ojos para mí, y yo para ti. 
Ojalá seamos nosotros. 
Pero por si acaso algún ojalá termina mal y tengo que volver a luchar contra mí misma, ten claro que ganaré la batalla. 

Pequeña

La tenía abrazada, no la quería soltar. Tenía miedo de que fuera la ultima vez y de no volverla a ver, a tocar, a besar, a oler... Tenía miedo de perderla y no quería que llegara el momento de tenerla que soltar. Tan pequeña, tu mano agarra mi dedo. Tan delicada. Tan frágil. Tan bonita, sonríes en sueños. Te miro y no puedo retirar la mirada de tu cara redondita. Te acaricio y abres los ojos y entonces descubrí la mirada más sincera que jamás había visto. Una mirada limpia, llena de amor. Ojalá tuvieras esa mirada el resto de tu vida y miraras a las personas con el mismo amor que me miras a mi. Ojalá te agarraras a tus sueños tan fuerte como agarras mi dedo. Ojalá siempre fueras tan fuerte como tú llanto cuando tienes ganas de comer. Ojalá siempre fueras tan mágica como lo eres ahora. Ojalá nunca dejes de ser. 

Todo pasó

Tengo cicatrices por qué un día gané una batalla. Gané la batalla contra mi misma. Me miraba al espejo y aquella chica no era yo. En su rostro se dibujaba una triste mirada y cuando sonreía los ojos se la llenaban de lágrimas. Con la muñeca vendada y su cara dejada. Vestida con lo primero que encontraba. Su tripa escondida, y no quería que nadie la desnudara. Se apretaba con rabia y comenzó una fría y dura batalla. Cada noche en la cama nada la consolaba, lloraba y lloraba hasta quedarse dormida sin ganas de despertarse mañana. Pero el despertador sonaba. Esa era la dura rutina que todos los días pasaba. En la calle aparentar, nadie sabía cómo estaba. Nadie sabía que estaba rota por dentro, nadie sabía todo lo que lloraba, nadie sabía por qué tenía la muñeca vendada, nadie sabía ni si quiera ella sabía por qué estaba pasando por algo así.  Solo deseaba llegar a su casa y llorar en la ducha desconsolada, donde nadie la escuchaba. Y entonces volvió a pasar, no podía parar. La cogio, la toco y sin miramientos se cortó. Salía mucha sangre y eso la aliviaba. Sus lágrimas cesaban, y ella se calmada. Una venda escondía esos fríos cortes. Y así era su día a día, aparentando y cuando estaba sola se derrumbaba. Así hasta que un día en el coche no podía parar de llorar, ni cortándose la muñeca se pudo calmar. Se le fue de las manos, no sabía a quién llamar. Nadie sabía su secreto, nadie lo iba a aceptar. Ella sola, en medio de un ataque se fue al hospital: 'me he cortado y no deja de sangrar'. Su voz temblaba, sus piernas se movían ya no podía andar. En una silla de ruedas la tuvieron que sentar. Sola, asustada, defraudada no sabía que pensar. La vendaron la muñeca para cortar la hemorragia y en una sala sola de tuvo que quedar. Con el móvil en la mano no sabía a quién llamar, estaba muerta de miedo y decepcionada quizá. La espera fue eterna. Mientras las enfermeras la curaban la doctora preguntaba, no sabía ni que contestar: 'al psiquiatra te vamos a derivar'. El informe daba miedo, no lo pude ni terminar de leer. Me fui a casa triste. ¿Qué me estaba pasando? ¿Qué acababa de pasar? Puntos de aproximación tapados por cinco vueltas de venda. Tapados por dos mangas largas, tapados con una sonrisa.   Apenas 32 horas cuando el teléfono sonó: 'Centro de especialidades, tienes cita con psiquiatra, no faltes por favor'. Asustada, días pasaban y lo termine por contar, sin detalles por supuesto...necesitaba que me dijeran que no estaba loca y que me iba a curar. Acudí nerviosa, me temblaba todo al andar. Subí las escaleras y enseguida me hicieron pasar. Me hicieron muchas preguntas, me recordaron el pasado: abusos, anorexia ¿De verdad era necesario? Llore desconsolada y le intenté explicar, que cortarme me aliviaba y me conseguía calmar. Que me sentía muy triste y no me podía ni mirar, que cada día se me hacía más difícil tener que aparentar. 'Como sigas así vas a caer en depresión, estás en las puertas y solo está en tu mano retroceder. Tómate esto cuando te sientas así, te doy cita en dos meses y ya vemos si cambiamos el tratamiento'. ¿Yo? ¿En depresión? No podía ser, tenía que salir de aquello en lo que estaba empezando a entrar. Me miré la muñeca, me toque el costado y prometí no hacerlo más. Estúpida promesa que no cumplí. Estúpida pastilla que no me hacía nada y estúpida yo por seguir así.