25 de enero de 2016

Todo pasó

Tengo cicatrices por qué un día gané una batalla. Gané la batalla contra mi misma. Me miraba al espejo y aquella chica no era yo. En su rostro se dibujaba una triste mirada y cuando sonreía los ojos se la llenaban de lágrimas. Con la muñeca vendada y su cara dejada. Vestida con lo primero que encontraba. Su tripa escondida, y no quería que nadie la desnudara. Se apretaba con rabia y comenzó una fría y dura batalla. Cada noche en la cama nada la consolaba, lloraba y lloraba hasta quedarse dormida sin ganas de despertarse mañana. Pero el despertador sonaba. Esa era la dura rutina que todos los días pasaba. En la calle aparentar, nadie sabía cómo estaba. Nadie sabía que estaba rota por dentro, nadie sabía todo lo que lloraba, nadie sabía por qué tenía la muñeca vendada, nadie sabía ni si quiera ella sabía por qué estaba pasando por algo así.  Solo deseaba llegar a su casa y llorar en la ducha desconsolada, donde nadie la escuchaba. Y entonces volvió a pasar, no podía parar. La cogio, la toco y sin miramientos se cortó. Salía mucha sangre y eso la aliviaba. Sus lágrimas cesaban, y ella se calmada. Una venda escondía esos fríos cortes. Y así era su día a día, aparentando y cuando estaba sola se derrumbaba. Así hasta que un día en el coche no podía parar de llorar, ni cortándose la muñeca se pudo calmar. Se le fue de las manos, no sabía a quién llamar. Nadie sabía su secreto, nadie lo iba a aceptar. Ella sola, en medio de un ataque se fue al hospital: 'me he cortado y no deja de sangrar'. Su voz temblaba, sus piernas se movían ya no podía andar. En una silla de ruedas la tuvieron que sentar. Sola, asustada, defraudada no sabía que pensar. La vendaron la muñeca para cortar la hemorragia y en una sala sola de tuvo que quedar. Con el móvil en la mano no sabía a quién llamar, estaba muerta de miedo y decepcionada quizá. La espera fue eterna. Mientras las enfermeras la curaban la doctora preguntaba, no sabía ni que contestar: 'al psiquiatra te vamos a derivar'. El informe daba miedo, no lo pude ni terminar de leer. Me fui a casa triste. ¿Qué me estaba pasando? ¿Qué acababa de pasar? Puntos de aproximación tapados por cinco vueltas de venda. Tapados por dos mangas largas, tapados con una sonrisa.   Apenas 32 horas cuando el teléfono sonó: 'Centro de especialidades, tienes cita con psiquiatra, no faltes por favor'. Asustada, días pasaban y lo termine por contar, sin detalles por supuesto...necesitaba que me dijeran que no estaba loca y que me iba a curar. Acudí nerviosa, me temblaba todo al andar. Subí las escaleras y enseguida me hicieron pasar. Me hicieron muchas preguntas, me recordaron el pasado: abusos, anorexia ¿De verdad era necesario? Llore desconsolada y le intenté explicar, que cortarme me aliviaba y me conseguía calmar. Que me sentía muy triste y no me podía ni mirar, que cada día se me hacía más difícil tener que aparentar. 'Como sigas así vas a caer en depresión, estás en las puertas y solo está en tu mano retroceder. Tómate esto cuando te sientas así, te doy cita en dos meses y ya vemos si cambiamos el tratamiento'. ¿Yo? ¿En depresión? No podía ser, tenía que salir de aquello en lo que estaba empezando a entrar. Me miré la muñeca, me toque el costado y prometí no hacerlo más. Estúpida promesa que no cumplí. Estúpida pastilla que no me hacía nada y estúpida yo por seguir así. 

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