13 de agosto de 2015

Ella

Hoy os dejo con algo que escribí hace años y que creo que es bonito de compartir, os dejo con Ella.
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Esa noche no era como las demás, era oscura, muy fría y gotas caían del cielo como si de lágrimas se tratasen. Noche de mayo, madrugada de un domingo. 6 Am. Unos aquella madrugada volvían de fiesta, otros en cambio madrugaban y ya se ponían en pie. Alguno que otro salía de su casa para enfrentarse a un duro día de trabajo. Unos tantos esperaban la llegada de un nuevo bebé, mientras que otros pocos sufrían la dura despedida de un ser querido. La mayoría de las personas a esa hora dormís plácidamente, pero Ella lloraba, estaba aturdida, tenía miedo y la costaba respirar.
Hubo tiempo suficiente de ver a ese individuo aun metido en su cama, pero luego todos los negaron. –“No dirás nada, ¿No?, Ha sido un accidente, Como lo cuentes va a ser peor y diferentes cosas la decían con el fin de mantenerla callada, cosa que durante dos largos días consiguieron. A sus trece años tuvo que armarse de valor y afrontar todo lo que acababa de pasar. Ya no era la misma. Evidentemente su familia se dio cuenta de que algo pasaba.         Dos días callada, ocultando, con miedo y triste. Ya no pudo más, llegó a casa después del instituto y rompió a llorar, se abrazó a su madre y emprendieron un viaje a comisaría. Esta vez no se puso la radio en el coche y fue un viaje corto e indiferente.                                                        
 Rápidamente la tomaron declaración y tuvo que contar todo sin dejarse detalle alguno. Así lo hizo Ella, un poco nerviosa y con lágrimas que se asomaban en sus ojos. Nadie sabía lo que iba a pasar, pero Ella no estaba sola, tenía apoyo y cariño, aunque en ese momento Ella sólo se centraba en una persona, en una persona que probablemente no iba a estar a su lado y sentía como de una manera u otra la había fallado, defraudado e incluso abandonado, su tía. Ella susurraba su nombre entrecortadamente entre sollozos, pero su tía no la quiso escuchar.
Verdaderamente lo que más daño la causó de esa noche, lo que más le dolió a ella a Ella no fue que se metieran en su cama y jugaran con su cuerpo como si de una muñeca se tratara, no. Fue que su tía negara lo ocurrido dejándola como mentirosa y en un mar de lágrimas. Desde ese día Ella apenas volvió a saber de su tía. No sabía cómo pero tenía que aprender a vivir sin ella, tenía que afrontar que ya nada sería como antes y procuraba no hundirse más, ya que cada lágrima amarga era un momento perdido y sin sentido.
Los años consecuentes se pueden resumir en una rápida madurez de una niña de trece años, en juicios donde el llanto y la aflicción se apoderaban de la situación, en cartas mojadas y sin dirección, en poesías de una dura separación y en la dificultad de fingir sonrisas y aparentar estar bien, años de estudio llenos de ansiedad y desmayos...e incluso donde la anorexia la acompañó durante un trayecto de su vida. Años en los que cada triste canción la recordaban a una sola persona, en la que el pequeño aroma desea marcada colonia le recordaba nuevamente a esa persona. Años que pasaron lentos. A veces, Ella piensa en olvidarla, si la olvida todo sería más fácil, y entonces Ella se pregunta…¿Cómo olvidar algo que en el fondo no quiero olvidar? Es la peor de las pruebas que alguien tiene que afrontar en la vida. Ella se dio cuenta de que <<olvidar>> era un hecho imposible. Algo que nunca iba a ocurrir. Ella no se podía olvidar de la persona que con la que mejores momentos había vivido durante trece intensos años. Así que tan solo tenía que aprender a vivir sin ella.

Tres años y dos meses a la espera del juicio final que Ella ganó. Cárcel para aquel hombre innombrable. Familia y amigos más cercanos estaban contentos y llamaban para dar felicitaciones, pero Ella no estaba contenta. Si, había ganado, pero Ella no había luchado para ganar, es más, había sufrido. Quizá no estuviera contenta porque sabía que él no iba a ir a la cárcel, pues si se iba del país no se podía remediar. Dichosa justicia, Quizá no lo estuviera porque sabía que su tía no iba a volver.
Días después su tía desapareció, se fue del país o eso quisieron pensar todos. Y ahora Ella tenía esa absurda sensación de haber dado todo por esa persona tan importante y nunca haber recibido nada a cambio.

Esa sensación absurda de pensar que trece años unida a una de las personas más importantes en su vida es como si de repente hubieran desaparecido, como si de un diario se tratase del cuál la llave se ha perdido y nunca se volverá a abrir. Todas las promesas que resultaron ser mentira. Todas esas palabras de amor, todos los besos y abrazos habían acabado.  Como si rompiera una pequeña bola de cristal en miles de pedacitos que ya es imposible recrear de nuevo. Que ya solo te queda el recuerdo de esa bola de cristal. Recuerdos que no podemos ni sabemos olvidar, memorias que nos seguirán más allá del tiempo, vayamos al lugar que vayamos, adentrándonos un poco en los recuerdos de nuestro ser, volvemos a encontrarlas y, como inocentes niños esbozaremos una sonrisa, una triste sonrisa llegando al extremo de llorar de nostalgia por el añoro de los buenos momentos y por el anhelo que sentimos esos años atrás. Ella ya no era aquella niña inocente de trece años que vivía con la esperanza de un anhelado regreso. Ahora ella, aunque a veces no se quería dar cuenta, sabía perfectamente que su tía no volvería y que si lo hacía nada sería como antesesa relación que tenía tan perfecta, tan sincera y tan especial nunca se iba a retomar. Pero a pesar de todo, Ella la esperaría, porque el hueco que su tía dejó en su corazón nadie nunca lo va a llenar. Años después ELLA LA QUIERE, LA QUIERE MUCHÍSIMO.

Ella tiene sueños, ella quiere ser feliz. 

1 comentario:

  1. Increíblemente bonito. Tengo los pelos de punta!

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